Metí varias cosas en el cesto y decidí llevar el canutillo de abalorios en la mano para que no se me perdiera. Tenía muchas ganas de confesionarme un collar a juego con mi chaqueta marrón. Andaba pensativa imaginando en como lo iba a hacer con mi kit de bisutería. Pasé la compra por la caja y pagué de manera automática, ensimismda en mis pensamientos. Desperté bruscamente cuando me abordó un fornido guardia de seguridad al saltar la alarma de robos. No había pagado mis “cuentas”. Esperaba poder defender mi pellejo con mi francés de estudiate.
jueves, 29 de septiembre de 2011
Despiste de cuentas
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