Beatriz ocultaba su inseguridad de niña grande bajo capas y capas de maquillaje. Estudiaba matemáticamente, al milímetro, sus conversaciones, su atuendo, sus sonrisas, con el eterno pavor a equivocarse, con la infinita duda de si caería bien, si estaría siendo comedida y perfecta.
Había comenzado un nuevo trabajo, otro comienzo más en su vida, atropellada y llena de vaivenes, y ahora, más que nunca, debía ocultar sus miedos. Esos nuevos compañeros jamás debían saber que aquella diosa, armónica y equilibrada, se desmoronaba por dentro con un pestañeo, que aquel atractivo insultante ocultaba una infancia de maltratos y complejos, una familia odiosa y un doloroso secreto inconfesable.
Su máscara de pestañas, enmascaraba también aquella lágrima suicida; su labial rojizo, pintaba de color un pasado en blanco y negro; su colorete difuminado, cubría sus vergüenzas infantiles; su laca de uñas reforzaba las palizas crueles, los puños cerrados por la rabia, las uñas mordidas por el miedo. Beatriz al completo no era más que un espejismo de sí misma.
(fragmento de "El secreto descalzado")
Muy bueno, en tu linea de historias con mucho mensaje, bien escrito y profundo. Me gusta
ResponderEliminarMuchas gracias. Espero que el jurado opine lo mismo: lo envié a un concurso literario de La Rioja. Es mucho más largo y complicado. Ya te contaré. Besitos y otra vez, gracias.
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