martes, 6 de septiembre de 2011

"Carta de amor desesperada"

Amado Ramón

Hace ya mucho tiempo que no te veo, que no siento tu piel ni huelo el perfume de tus cabellos al mesártelos. Te fuiste, te marchaste con esa bruja que nos separó. Solo pienso en ti. No como, no duermo, no salgo, solo tu, tu, tu, tú, dentro de mi cabeza. Si, se que tengo una grave enfermedad que me está matando, me consume poco a poco, pero ni el mejor de los cirujanos podría ayudarme. Aun recuerdo nuestra primera vez y se me eriza la piel. Recuerdas, aquel asadero en la playa de un lejano verano. Una esplendida noche de Agosto, con los amigos, buena carne y mejor vino. Desde el primer momento que te vi, hice lo imposible por estar siempre a tu lado, me convertí en tu sombra, no, en tu camisa y tus pantalones. Me enamoré locamente. Tú también parecías feliz, me consta. Nos separamos del grupo, ¿recuerdas?, sigilosamente, intentando que no se dieran cuenta los demás. No se si lo conseguimos, aunque no nos importó, lo importante éramos nosotros. Cuando creímos estar a salvo de miradas indiscretas, nos cogimos de la mano. Caminamos así unos pasos, mirándonos con deseo, en silencio. No tardamos en abrazarnos, besándonos dulcemente con los ojos cerrados, sintiendo intensamente. Era amor, me dí cuenta en seguida que aquello que notaba en mi pecho era un gran amor. Amparados por la oscuridad, sin que nadie nos importunase, acompañados por el canto de las olas al llegar, al irse. Esa noche disfruté mucho, disfrutamos mucho. Que noche inolvidable para mi, seguro que para ti también, es imposible creer que la hayas olvidado, que esa bruja zorra te haya hecho olvidarme así, es imposible. Esa noche no nos atrevimos a más, pero fue el comienzo de tres años, dos meses y diecisiete días de maravillosa relación. Nos queríamos, tú también me querías, quizás no como yo a ti, eso es imposible, no creo que nadie pueda amar tanto como yo te amo. Cuantos recuerdos. Todo en la casa me recuerda a ti, abro los cajones vacíos de tu mesilla de noche y veo todavía tu cartera, tus gafas de sol, tu reloj, tus calcetines, tus calzoncillos. La cama aun conserva tu olor, el lado vacío de la cama, tu lado, esta como si solo te hubieras levantado un momento para comer algo. La locura se esta apoderando de mí, poco a poco. Entro en el baño y ahí estas, afeitándote en el espejo, con el torso desnudo, poderoso, varonil. Recuerdos que me matan y me dan la vida, porque me muero por tu ausencia y gracias a ellos aun vivo, el día que te olvide moriré, el día que me muera te olvidaré. ¿Recuerdas el día que encontramos nuestro apartamento?, llevábamos demasiado tiempo buscando un lugar dónde compartir nuestras vidas, al amparo de miradas indiscretas donde amarnos, donde amarte por fin. Lo conseguimos por un amigo tuyo que tiene una inmobiliaria, tuvimos que pagar el doble el primer mes, pero no nos importó, era perfecto, ideal para una pareja de enamorados. No era muy grande, solo tenia un dormitorio, un salón cocina, y el baño. Suficiente para los dos. Eso si, en el salón había una gran ventana que daba a la fachada del edificio, y el horizonte, medio escondido detrás de los edificios era el mar. Esa misma noche lo estrenamos, recogimos lo imprescindible para pasar una noche fuera, como si fuéramos a un hotel como dos enamorados que se esconden, pero con una clara diferencia, no era un hotel , era nuestra casa, nuestra cama. Cenamos fuera, algo ligero en un restaurante cutre cerca de casa, “Casa Paco, comida casera”. Cuantos momentos compartidos juntos en torno a una mesa en ese bar, alegres o tristes, sin hablarnos o de entusiasmada conversación, sin mirarnos o con la mas dulce de las miradas. Cené poco, no es que no tuviera hambre, el ansia de estar contigo a solas en nuestra casa me hizo perder el apetito y le daba vueltas con el tenedor al trozo de carne y las patatas fritas ya frías esperando que terminaras de comer. Subimos las escaleras llenos de alegría susurrándonos tonterías al oído, diciéndonos a media voz cosas sin sentido que me excitaban, con los brazos por la cintura, acariciándonos lascivos, ardíendo de pasión. Cuando abriste la puerta, recuerdo que bromeaste fingiendo cogerme en brazos como si fuésemos unos recién casados, yo me reía, resistiéndome a medias disfrutando de tu ocurrencia, pero una vez dentro, nos pusimos serios, cerramos la puerta, encendimos la luz y nos quedamos en silencio observándonos a tan solo unos milímetros el uno del otro, por fin estábamos en casa. Podía sentir tu corazón a esa distancia. Apagué la luz, cambiando todo el panorama con la penumbra, solo las farolas de la calle proyectaban unos débiles rayos a través de la ventana convirtiendo la escena en una película en blanco y negro. Entonces nos abrazamos fuertemente, como dos enamorados que se reencuentran después de una larga ausencia, besándonos. “Vamos a la ducha”, te dije susurrándote al oído. En la ducha aprovechamos el jabón para que nuestra manos fluyeran por nuestro cuerpo impregnándolos de amor y pasión, no quedó milímetro de piel que no surcaran nuestros dedos . Allí hicimos el amor por primera vez en esa casa, nuestra casa.
Son esos maravillosos momentos los que todavía me unen a ti, y esta casa que aun comparto con tu recuerdo, de donde solo saldré muriendo. Pero no te preocupes no serás tu, la culpa es de mi enfermizo amor por ti, no concibo la vida sin poder compartirla contigo. Adiós mi amor te adoraré eternamente. Te quiero.


Tu Miguel.

2 comentarios:

  1. Jajaja! ¡Qué sorpresa! Ella era él, jajaja. Si es que cuando quieres sorprendernos, lo consigues, jajaja. Muy bueno, sí señor. Un bofetón en toda la cara para los homófobos.

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  2. Si, como siempre, la vida te da sorpresas a las que normalmente no estamos preparados, lo importante es saber reaccionar, aceptarlas y ....... usarlas para nuestro bien. un saludo.

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